viernes, 27 de abril de 2012

Carta a Cristina Kirchner por YPF



Por María Eugenia Estenssoro  

25.04.2012 | Publicado en edición impresa
Estimada Presidenta, querida Cristina:
Me dirijo a usted con profundo dolor porque la verdad de los hechos me impide acompañar una iniciativa importante, estratégica para el país, como es la recuperación de YPF para los argentinos. Una causa por la que vengo abogando, casi en soledad, desde hace 13 años.
Quiero agradecerle, en primer lugar, el haber elogiado públicamente la gestión de mi padre en YPF, reconociendo frente al Congreso Nacional que en esos años la compañía alcanzó niveles récord de producción y exploración. Cuando mi padre murió en el año 1995, YPF se había transformado en una multinacional argentina, de capital mixto, controlada por el Estado nacional, con yacimientos en Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Rusia e Indonesia. Era la petrolera número 11 del ranking mundial. Mi padre entendía que, de cara al siglo XXI, la Argentina necesitaba una YPF con una visión global, que liderara en nuestra región.
Lamentablemente, ese sueño murió cuando el avión en que viajaba se estrelló en Ecuador. Poco después, en 1999, el presidente Menem vendió las acciones del Estado y el control de YPF a la española Repsol por un puñado de pesos. En ese momento, como hoy, gran parte de la dirigencia política, los medios y la ciudadanía también aplaudió. Debo señalar que su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, acompañó enérgicamente esta decisión: en lugar de defender nuestra soberanía energética vendió a Repsol el 4,3% de las acciones de YPF que tenía la provincia de Santa Cruz. En una entrevista que me hizo el diario Página 12 el 16 de mayo de 1999, dije que ése era "el último gran acto de corrupción de la gestión menemista".
Hoy quiero expresarles a usted y a mis compatriotas, con todo respeto y gran pesar, que no podemos subsanar ese grave ilícito, ese grave error, con otro acto de corrupción. Aprobar el proyecto de expropiación de YPF que mañana tratará el Senado sin antes revisar minuciosamente lo actuado por funcionarios de su propio gobierno implicaría convalidar y encubrir sus responsabilidades políticas, administrativas y probablemente penales en la pérdida del autoabastecimiento energético nacional y el vaciamiento de YPF.
En 2003 el ex presidente Kirchner recibió una Argentina autosuficiente y "soberana" en materia petrolera. Pero una política energética equivocada, llevada adelante por el ministro Julio De Vido y el secretario de Energía, Daniel Cameron, hizo que dilapidáramos en ocho años el autoabastecimiento nacional que supimos conseguir y consolidar en ¡ocho décadas! Es verdad, el consumo aumentó al ritmo de la recuperación económica, pero la producción nacional colapsó y su gobierno fomentó la importación.
Culpar a la gestión de Repsol en YPF por la mayor crisis petrolera de toda nuestra historia es una simplificación tramposa: YPF representa sólo el 30% de la producción de gas y petróleo del país; y además, de las 14 empresas que lideran la producción del país, nueve (entre ellas, Petrobras, Total, Chevron, Enap, Tecpetrol) tuvieron pérdidas superiores o comparables a las de YPF.
La pérdida del autoabastecimiento es el resultado directo de la gestión de sus funcionarios. Esto se expresa claramente en una carta enviada por Daniel Cameron a ocho ex secretarios de Energía, que le escribieron preocupados por la caída constante de nuestras reservas y producción. Cameron respondió el 11 de junio de 2011: "Una primera conclusión es que el autoabastecimiento es importante, genera seguridad, pero no es determinante ni extremadamente riesgosa la dependencia que inevitablemente tienen aquellos países que no lo disponen entre sus recursos naturales o si lo disponen no cubren la totalidad de sus necesidades".
¿Cómo se sorprende que perdiéramos el autoabastecimiento y que el año pasado las importaciones escalaran a 10.000 millones de dólares si el secretario Cameron nunca creyó que era riesgoso o importante?
¿Por qué no le ha pedido la renuncia todavía? ¿Por qué ha premiado a De Vido, su superior directo, con la intervención de YPF, si pesan sobre sus espaldas la tragedia de Once, la crisis de los ferrocarriles, los escándalos del área de transporte y el colapso energético, que no es sólo petrolero? ¿Sabe que involucra también la generación de electricidad?
Me alegra que haya decidido, por fin, sancionar a los responsables del vaciamiento de YPF. Pero ¿por qué expropia al grupo Repsol y exime a los Eskenazi, siendo que el retiro de utilidades extraordinario -255%, en 2008, y 140%, en 2009- se produjo para que la familia Eskenazi pudiera pagar la compra del 25% de las acciones con las ganancias de la propia compañía? Además, es Sebastián Eskenazi quien manejó la compañía en estos años. El acuerdo societario firmado entre Repsol y Eskenazi en febrero de 2008 y los balances de la compañía que dan cuenta del vaciamiento fueron aprobados y llevan la firma del director del Estado en YPF, Santiago Carnero, actual miembro del directorio del Banco Central (¡qué peligro!), y de la síndica del Estado en YPF, Silvana Rosa Lagrosa, actual miembro de la Sigen (¡otro peligro!). ¿Cómo no los ha separado de sus cargos y puesto a disposición de la Justicia si han incumplido sus obligaciones como funcionarios públicos?
Estimada Presidenta, realmente estaríamos dando vuelta la página de un capítulo muy oscuro de nuestra historia petrolera si los responsables políticos, administrativos y empresariales fueran sancionados e investigados todos por igual. Por otra parte, la Argentina necesita una YPF argentina y una política energética nacional, sustentable y de largo plazo. Pero nadie nos ha presentado ni un plan estratégico para el país ni un plan para la nueva empresa. Se nos pide que votemos a libro cerrado y con los ojos vendados. Yo creo en rol del Estado, pero en un Estado serio, transparente, ejemplar, que se sujeta a la ley, que controla y se deja controlar, y que cuando se equivoca y comete errores, no ataca a unos para encubrir a otros.
Por todo lo expuesto y de todo corazón, lamento profundamente no poder acompañar el proyecto oficial que tratará el Senado en el día de hoy. Respetuosamente...
© La Nacion

martes, 17 de abril de 2012

Androides somos

"Después de que Teseo matase al Minotauro, Minos encerró a Dédalo y a Ícaro en el laberinto. La única forma de escapar del laberinto era por el aire, ya que no tenía techo, por lo que Dédalo, construyó dos pares de alas con plumas y cera. Luego de decirle a Ícaro que no volase cerca del sol, para que la cera no se derritiese, ni demasiado cerca del mar, para que las plumas no se mojasen, ambos partieron volando. Pero ante la exultante libertad, Ícaro olvidó los consejos de su padre y voló tan alto que el sol derritió sus alas y se precipitó al océano, dónde murió." 

No se puede expresar mejor que la libertad humana no puede ser absoluta sino que tiene límites. Jamás le había dado este enfoque a las historias mitológicas, no creo que nunca nadie nos haya enseñado a verlas así y a valorarlas. Pero fíjate todo lo que dice en tan poco, toda la fuerza que tiene su simbolismo. Pero claro no son ciencia, y por ello el positivismo, el pragmatismo a ultranza, el utilitarismo técnico de la ciencia, el racionalismo secante y la superficialidad de la historia nos las tachan de inmaduras e ignorantes, y por lo tanto, de inútiles. 

¿De qué te sirve todo ese conocimiento académico si no te enseña a vivir? Androides seremos, androides somos.



sábado, 31 de marzo de 2012

"24 de Marzo de 1976, nunca más": La presidencia de Mª Estela Martínez de Perón y el Golpe de Estado


Tras la muerte del líder peronista, su esposa y vicepresidenta “Isabel” Perón asumió la jefatura del Estado argentino. Su gobierno llegó cargado de incertidumbres, mientras que el Pacto Social colapsaba y seguían aumentando la conflictividad social y la violencia política. Isabel Perón no contribuyó a moderar las tendencias, todo lo contrario, dio libertad de acción a la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), organización represiva creada desde el Estado por el ministro de Bienestar Social y principal asesor, José López Rega, “El Brujo”. La Triple A se lanzó a cometer asesinatos políticos y persiguió a intelectuales, artistas, periodistas y sindicalistas. Según el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), la Triple A fue responsable de 19 asesinatos en 1973, 50 en 1974 y 359 en 1975.
Con la muerte de Perón, el sindicalismo arremetió contra el Pacto Social y su autor, el ministro de Economía Gelbard, fue desplazado. Gelbard había intentado nacionalizar el comercio exterior, regular las inversiones extranjeras y lanzar una nueva ley agraria que quitaría la propiedad de las tierras incultas a sus propietarios. Tanto la CGT como la CGE presionaron al ministro para que renunciara. Se nombró en su lugar a Alfredo Gómez Morales, quien otorgó un aumento salarial del 38% para hacerle frente a la inflación. Sin embargo, su gestión fue breve y fue reemplazado por Celestino Rodrigo, miembro del círculo selecto de Isabel Perón y López Rega. El nuevo ministro de Economía cambió drásticamente el esquema económico peronista: aplicó una devaluación del 100% y un aumento de tarifas de servicios públicos del 200%. De este modo, el ministro ejecutó el primer golpe hiperinflacionario en toda la historia del país, conocido como el Rodrigazo, reorientando la economía hacia un neoliberalismo salvaje. La población, perpleja, salió pacíficamente a las calles a protestar contra el ajuste. Por su parte, el dirigente gremial Lorenzo Miguel, de la UOM, consiguió, después de varias negociaciones, un aumento de salarios del 160%. Pero días más tarde corrió el rumor de que el aumento no sería convalidado; las bases sindicales, intranquilas, desbordaron a la dirigencia y la CGT debió convocar a la huelga general para el 7 y el 8 de julio de 1975. Era la primera vez que la CGT organizaba un paro general contra un gobierno peronista.
La multitud congregada en la Plaza de Mayo pidió que se juzgara duramente a López Rega y a Rodrigo, quienes debieron renunciar; el primero, además, se vio obligado a exiliarse. Al mismo tiempo, los sindicalistas disculpaban las decisiones de Isabel perón, porque, según explicaban, la presidenta había estado mal aconsejada. Roto el cerco lopezreguista, Isabel Perón buscaría apoyo en los gremialistas y los peronistas ortodoxos.
Pero el país estaba cada vez más cerca de la disolución social. Los grupos armados clandestinos de izquierda y derecha ya habían asesinado a 860 personas. En 1974, Montoneros secuestró a los hermanos Born y solicitó 64 millones de dólares por su rescate. También en ese año, el ERP abrió un foco de guerrilla rural en la provincia de Tucumán; el gobierno respondió disponiendo, por decreto del Poder Ejecutivo, la intervención militar en la provincia norteña, llamada “Operativo Independencia”. De este modo, la presidenta avaló la represión militar, que pronto utilizó tácticas siniestras como la desaparición y la tortura, técnicas de lucha contrainsurgente que habían sido difundidas por el Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos. La última operación del ERP fue un intento de toma del arsenal armamentístico de Monte Chingolo, el 23 de diciembre de 1975. Allí sus combatientes fueron aniquilados casi por completo por las Fuerzas Armadas.
Estos hechos alimentaron el rol político de las Fuerzas Armadas, que pasaron a mostrarse como indispensables para lograr la paz y el orden público. Así, esta institución tergiversó la información en su provecho, ya que no transcendió que en Tucumán pelearon 5.000 efectivos del Ejército contra alrededor de 160 jóvenes del ERP, o que las armas del arsenal de Monte Chingolo habían sido inhabilitadas previamente por el ejército que estaba apostado esperando al ERP.
Después del Rodrigazo, la crisis económica fue incontenible: inflación, “corridas” hacia el dólar y surgimiento de los mecanismos de indexación. Aquellas personas que habían solicitado un crédito hipotecario antes del Rodrigazo se vieron favorecidas por la licuación de las cuotas, pero no así los ahorristas. El aumento salarial del 160% que finalmente había sido concedido también se esfumó rápidamente frente a la inflación. La crisis económica fue a la par de la crisis política. Por otra parte, la CGE perdió a sus integrantes más poderosos, pues los grandes empresarios decidieron abandonar definitivamente el Pacto Social y atacar al gobierno de Isabel Perón para fomentar su caída.
En septiembre de 1975, la presidenta decidió tomarse una licencia de 45 días por razones de salud. Por la Ley de Acefalía, fue reemplazada por el presidente del Senado, Ítalo Luder. Por orden de Isabel Perón, Luder extendió a todo el país el poder del decreto que autorizaba a las Fuerzas Armadas a luchar contra la subversión. Pero en aquellos 45 días, ni el por entonces ministro de Economía Antonio Cafiero pudo encontrar un freno a la inflación, ni el Congreso pudo instrumentar un mecanismo legal para deponer a la presidenta. Cuando esta volvió a su cargo, el peronismo cerró filas y esperó a la caída del gobierno.
El 24 de marzo de 1976, los altos cargos del ejército Jorge Videla y Emilio Massera protagonizan un nuevo golpe militar autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, siendo, como la anterior dictadura, de tipo permanente.
Una dictadura en la que se desarrolló un proceso sistemático de secuestro y tortura de personas, producto del cual hubo una gran cantidad de desaparecidos. La Conadep registró 8.961 casos, aunque que otros organismos de derechos humanos elevan la cifra a 30.000. 
Por todo ello hoy aún seguimos recordando, porque la historia más negra de la humanidad hay que conocerla para no repetirla nunca más.